
CARTA DE AMOR A PALESTINA, DE SALAH AL HAMDANI[i]
Por Jorge Rodríguez Hidalgo
El genocidio que están sufriendo los palestinos a manos de Israel está generando una buena cantidad de obras de ficción y de no ficción que, de acuerdo con el género literario de que se trate, intentan acercarnos las claves de una tragedia en el confín del Mediterráneo. No deja de ser paradójico que quienes padecieron la Shoah en el siglo XX sean los responsables de una matanza de inocentes solo comparable a la experimentada por ellos mismos, los judíos, además de los gitanos, entre otros. Desde que en 1947 las Naciones Unidas dieran cabida en la tierra de Palestina a judíos y a palestinos (a estos últimos solo se les llamaba “árabes”), supuestamente bajo la bandera de sendos Estados, y más desde que un año después los hebreos declarasen su independencia y diesen lugar a la Guerra árabe-israelí, los otrora víctimas del nazismo se han venido aplicando en la expulsión de los palestinos de su propia tierra. Mientras el nuevo Estado judío llamaba a cuantos “compatriotas” se encontraban en la diáspora a fin de superar en número a los moradores palestinos y se afanaba en una política de colonización fuera de la ley, el mundo, tanto el occidental como el árabe -este último con escasas excepciones-, se ha limitado a contemplar las imágenes de la desolación, en que los muertos y la miseria los han ido poniendo siempre los mismos, los palestinos, acusados permanentemente por la delirante ultraderecha hebrea de terroristas y de “animales”. Secular conflicto, es a partir de 1948 cuando Israel, amparado por las grandes potencias y con el silencio cómplice de los “hermanos” árabes, ha practicado una continuada aniquilación de los llamados “territorios” palestinos, a los que se les conoce con diferentes nombres, como si se tratara de gigantescos campos de concentración, denominación que tanto airean los israelitas a modo de escudo justificador y ariete criminal. Hasta el infausto 7 de octubre de 2023, los palestinos -los “animales”- han sufrido los efectos letales de quienes, siguiendo al pie de la letra lo dispuesto en el Antiguo Testamento, han sojuzgado a quienes tenían todo el derecho de permanecer en su tierra. La cifra de muertes hasta entonces se desconoce; el número de pueblos arrasados, y sobre los que los colonos edificaron nuevos asentamientos, es una incógnita. Solo el testimonio de hombres destacados culturalmente, como el poeta Mahmud Darwix, fallecido en 2008 en su último exilio en Estados Unidos, nos recuerda que la realidad de Palestina está en el subsuelo. Su Birwa natal (en Galilea) fue asolado, como tantos otros pueblos palestinos, y sus pobladores fueron asesinados, apresados o enviados al exilio, a su propia “diáspora”. Si, como decíamos, no sabemos el saldo de los hijos arrebatados mortalmente a Palestina, desde la acción criminal de Hamás (organización terrorista cuyo origen y sentido hay que buscar en la imposibilidad de constitución de un Estado palestino) sí conocemos que el número de los masacrados en Palestina se acerca a los sesenta mil. Un genocidio en toda regla.
Tras los horrores de los campos de concentración nazis, algunas voces del mundo cultural se preguntaron en voz alta, o negro sobre blanco, si era posible escribir poesía, o hacer literatura, después del Holocausto. Entre las más destacadas opiniones, cabe destacar las del filósofo alemán Theodor L. W. Adorno (“Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”) y el escritor húngaro, superviviente del campo de concentración de Auschwitz, Imre Kertész (“Auschwitz suspendió la literatura. […] Después de Auschwitz estamos más solos”).
El escritor y actor iraquí Salah Al Hamdani (Bagdad, 1951), preso político durante la dictadura de Sadam Hussein, y exiliado en Francia desde 1975, retoma el debate de la legitimidad o no de escribir (en realidad, ya empezó a escribir en la década de los años 70′ cuando se encontraba en las cárceles iraquíes) tras la debacle que supone el intento de exterminio de un pueblo por otro. Hace solo unos meses, Hamdani ha dado a la luz editorial la obra que presentamos, “Carta de amor a Palestina”, y que podemos leer en castellano merced a la traducción de Leandro Calle. El libro es un largo poema sobre la angustia provocada por la masacre israelita en Gaza. A modo de epígrafe general, Salah Al Hamdani nos advierte de que “luego de haber sido preso político durante la dictadura en Irak, suelo relcionar mi capacidad de resistencia con mis dudas sobre los hombres para así no amargarme cuando ellos me den la espalda” (París, 22/10/2024).
La carta/poema de Hamdani procura abordar la tragedia desde diferentes puntos de vista. El primero, y principal, el humano, pero también desde la poesía, la historia y la política. Todos estos quedan resumidos en la frase: “El planeta está cargado con el peso de nuestra oscuridad”. El hombre Hamdani muestra un rotundo pesimismo cuando dice: “Palestina/ tú que ya no esperas nada de los hombres de hoy”, y extiende la responsabilidad de lo que está sucediendo a todo el mundo (“el estertor frío de mi tiempo”), que permanece impasible ante la masacre (el pogromo). No obstante, el poeta sabe quiénes son los “francotiradores de hoy”, los asesinos (“los soldados de corazón oscuro”) que exhiben las pesadillas de Palestina “frente a toda la humanidad”, una humanidad “cómplice de tus violadores”. Ante a la vileza de los verdugos, ¿qué sentido tienen las palabras, la “desnudez de las palabras”, “la densidad del silencio de los hombres”, “la cobardía de sus labios cosidos”? Hamdani nos quiere persuadir de que las palabras no sirven “para hacer vibrar/ los cuerpos moribundos” ni para “cambiar en vano/ a esos guerreros colonos por seres humanos”. Sin embargo, un resquicio ha de quedar, si no para la esperanza propiamente dicha, sí para una mejor expectativa: “Me dirijo al jardín de tus poetas/ a lo que hay en él de oculto/ palabras fraternas aferradas a un espejismo/ a lo que resta de tu esperanza de libertad”. Si Gaza espera que “un exiliado como yo” abrace sus “dolencias con todo el corazón”, el poeta reconoce que solo dispone del útil de la poesía: “mi vida está compuesta de poemas/ solo de poemas/ nunca de armas”. ¿Cuál es el papel del poeta y del exiliado? Hamdani entiende que “el espejismo de la infancia bebe del eco de la memoria/ Irrumpe como un desorden en mi voz”. ¿Qué debe hacer?: “A veces/ habría que azotar la conciencia de los hombres […] lo que queda de los hombres”. Y asegura que “tal es el misterio de la chispa/ única del poema para la libertad del prisionero/ en el oscuro corredor de la muerte/ resplandor de las palabras de carne ofrecidas al condenado”.
El poeta nos insta a abrir los ojos cuando proclama la autenticidad de Palestina pese a que “todos los religiosos, sus libros, sus injusticias/ y todos los predicadores barbados/ nieguen aun tu existencia y belleza” […] “Aunque los colonos pirateen tu existencia/ y destruyan las praderas de tus sueños”. Y demanda resistencia: “Después del paso de los genocidas por tu cuerpo/ ningún hombre justo dará marcha atrás/ Entonces el instante indescifrable resonará en mi habitación de exilio/ y las palmeras de mi infancia/ se acostarán gimiendo/ con la frente contra la mordedura de la condenación”. Porque “los falsificadores de la historia/ y esos piratas venidos de quién sabe dónde” imponen “el odio de su dios” y se parapetan tras “las pantallas/ que los protegen vergonzosamente y enardecidos por su tecnología criminal/ los soldados-piratas, asesinos modernos/ advierten a los niños-presas palestinos/ de la muerte inminente”. La inquina va in crescendo: “luego los aniquilan/ con sus insectos mortíferos/ sin ellos mismos exponerse// Así se ufanan de ser héroes/ del ejército más moral del mundo”. Hasta el paroxismo: “No hay humanidad en aquellos que disparan/ a la cabeza de tus niños”. Y más reconocimiento de la pasividad internacional: “Todo es desarraigo, falsedad/ muros y plegarias/ cielos y arroyos/ rostros y horizontes/ olvido contra realidad/ Pero tu historia permanece a pesar de los asesinos”. Incluso cabe el señalamiento de nuevas víctimas, pertenecientes estas al lado de los victimarios: “Mi doble/ el judío justo, mi amigo/ ha sido ejecutado en esos campos/ pero algunos de sus descendientes/ convertidos en integristas, arrancaron su corazón/ y lo llevaron lejos/ más lejos que la absurda oscuridad/ de sus creencias asesinas”.
¿Existe una salida para Palestina? ¿Hasta cuándo la diáspora árabe/palestina? Porque “los que blanden la estrella azul/ hoy con arrogancia/ traicionaron el juramento de los hombres/ Pretenden amordazarnos a todos / judíos y no judíos/ arruinar nuestro espíritu/ y destruir la humanidad”. Por lo que [Palestina] “para hacer vibrar de nuevo tu cuerpo mutilado, / ¿qué periplo debe realizar mi exilio?” […] “¿Qué canto debe entonar mi alma/ para incorporar definitivamente tus santas heridas/ en el rostro de la humanidad?” […] “Para honrar tu duelo y salvación/ mi corazón y mi garganta/ no paran de gritar”.
La “Carta de amor a Palestina” no rehúye la autocrítica: “Tú que nunca das la espalda a un colono/ Palestina/ no te fíes de las estériles nubes árabes/ tampoco de las otras naciones que se prosternan/ delante de la bandera de los piratas/ No confíes ni en el Nilo ni en el Éufrates// Tampoco en la Iglesia/ ni en los habitantes de Jerusalén/ y menos sobre todo en los de La Meca// Mis amigos judíos no aceptan que diga: ¡hay un genocidio contra ti!/ Me dicen: ¡Bueno, mira bien, nosotros, nosotros estamos por la paz!/ Pero ellos perdonan al mismo tiempo/ a los soldados que te asesinan// Nunca dejaré de mirarte, Palestina/ debido a esos impostores de la paz” […] “Sé prudente Palestina/ Nada reveles en la orilla de tus rugientes deseos de vida/ si no te acusarán de terrorismo”.
Hamdani cuestiona el significado de todas las palabras, porque han sido subvertidas por quienes disponen de los medios de propaganda. Así, lo que se propone a las víctimas no son más que las “lacerías de la libertad”, por lo que es imprescindible [Palestina] “tu resistencia legendaria/ contra estos nuevos bárbaros del siglo veintiuno”. Al poeta le queda el amor: “Amarte/ para reencontrarme con mi dignidad humana/ delicia del Éufrates de mi infancia”. Y hermanarse con los sufrientes: “No muy lejos de las fosas comunes/ plantadas en tu corazón/ los asesinos de tus niños duermen y sueñan/ se imaginan felices en cualquier lugar del mundo/ incluso Europa/ Y, sin embargo/ Ay de ti/ Ay de ellos/ Ay de mí”[…] “Resistencia insospechada”, “me animas a defenderme en mi exilio/ de mis propios demonios”. […] “Con los sueños/ aquel a quien llamamos extranjero/ construirá un inmenso dique/ para la fuente de tus dolores// Pensará siempre en ti/ pues el alambre de púas le aprieta la garganta/ y la oscuridad del mundo/ se le pega a la piel como si fuera lava”. El poeta reafirma la función de la poesía: “Entonces grito/ digo que vivo aquí/ en el pantano de la escritura/ rodeado por tus aullidos día y noche/ y con lo que queda de aquella pradera pálida de mi infancia/ y las nubes de antaño pegadas a la cara de mi madre/ me invaden tus víctimas/ y aparece de repente un incendio en mi alma”. Y se compromete: “Lo prometo/ ni mi corazón ni mi palabra te dejarán sola/ frente a los asesinos de la luz/ y frente a los impostores, sepultureros de una paz que/ enarbolan/ para luego negar la enormidad de tu calvario” […] “Estoy en la cima solamente por la paz -Al Salam/ para la tierra de Palestina”.
Finalmente, un deseo y un augurio: “Vi en Gaza/ cómo se levanta el sol de tu libertad/ en una noche de octubre/ Y, sin embargo no hay paz en mi corazón por los asesinos de inocentes/ sean de Israel o Palestina/ No haya paz con aquellos que desean aplastar a un pueblo” […] “Todo se me impone igual que al mundo/ con la vigorosa fuerza de la evidencia/ Palestina, vencerás por tu nobleza/ Palestina/ es nuestra humanidad la que va a vencer contigo”.
“Carta de amor a Palestina” es, en realidad, una carta de amor a lo que de puro reste -si algo quedare- en el ser humano; una apelación a la sanidad de los nacidos inocentes, muchos de los cuales, por incontables avatares, acaban enfermando de misantropía, de turbiedad incluso en el amor propio. El dibujante Youssif Nasser ilustra algunas páginas del libro con dibujos realizados mediante garabatos siguiendo la técnica del “doodling”. La maraña es tan pertinente como esclarecedora. Podría ser el ovillo del que se devana el hilo de Ariadna actual: confusión y espanto; final y principio demoledor: presagio de tragedia: tragedia de la duda: medio en el extremo del imposible.
[i] Carta de amor a Palestina, Salah Al Hamdani, Trad. Leandro Calle, Coedición Ediciones del Callejón & Clarice, Córdoba, Argentina, 2025.